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POR Víctor Melgarejo

Dieciséis de septiembre, que más puedo decir: ¡VIVA MÉXICO! Y lo digo de corazón. Doy gracias a Dios por permitirme nacer y poder conocer México, este gran país, en el que florecieron más de una...

Dieciséis de septiembre, que más puedo decir: ¡VIVA MÉXICO! Y lo digo de corazón. Doy gracias a Dios por permitirme nacer y poder conocer México, este gran país, en el que florecieron más de una docena de culturas precolombinas, que hicieron sincretismo con quienes venían del nuevo mundo, fusionando su cultura, su historia y donde más lo vemos y recordamos: su cocina. 
 
Cómo no agradecer a este gran país y su gente, si como en mi caso, en 1914 abrió la puerta del bello puerto jarocho a tantos inmigrantes, entre los que venía mi bisabuelo y su recién nacida hija, mi abuelita. México nos ha dado a nuestros padres; en mi caso, mi hermana, a mi familia sanguínea y por elección. Nos ha permitido desarrollarnos; quizá no como quisiéramos, pero al menos me dio una buena educación pública hasta la universidad y la oportunidad de buscar una beca de posgrado. Es un país de oportunidades.
 
Esta semana, tuve un evento B'alam: Territorio Emprendedor, en el que pudimos convivir con más de 10 incubadoras latinoamericanas, todas ellas con una buena reputación en sus respectivos países. Pude darme cuenta que en México, a pesar de lo que se diga, nos podemos poner de acuerdo. Hemos tenido y desarrollado un ecosistema de emprendimiento sólido y articulado que permite ayudar a muchas personas, sin importar su edad o sus condiciones, a lograr sus objetivos en desarrollar la región.
 
México es un país emprendedor. Los mexicanos no nos echamos para atrás, al contrario: buscamos como podemos salir del problema, aliados, soluciones, siempre alegres, innovando, sin olvidar ser buenos anfitriones. Creo que esto es ser mexicano, es lo que debemos celebrar. ¡Gracias, México!



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