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POR PRO Magazine Staff

Nos queda un futuro todavía muy complejo por resolver en las grandes ciudades de México.

El costo de una obra, no importando el tamaño o tipología, siempre representa un gasto y una inversión fuerte. Si desglosamos los costos de cada parte de los procesos de la obra, el relacionado con los estacionamientos y cimentación resultan de los más caros.

Para los inversionistas o clientes, es un dolor de cabeza cuando se tienen que analizar los números económicos relacionados a lo que se llevará la construcción de los estacionamientos.

En esas juntas siempre se les pide a los ingenieros o arquitectos en cuestión de que “bajen” un poco los costos, que se reduzcan el número de lugares, o que se busque otra solución más económica. Normalmente los reglamentos de construcción son un punto de partida para saber el número de cajones de estacionamiento que se necesitarán.

Depende mucho del giro o uso del edificio, ya que para los departamentos de vivienda corresponde normalmente de 1 a 2 lugares de estacionamiento en vivienda media-alta, y para un edificio comercial depende de las actividades propias, ya sea de oficinas y comercios, o las dos juntas, más el metraje del terreno.

La realidad es que por más que se le piense y se calculen los cajones de estacionamiento y se cumplan con los reglamentos, lo que se destina a este rubro es mucho dinero.

Hace unos meses salió una infografía en redes sociales donde se mostraba que un edificio de recién construcción en Londres había logrado reducir en más del 50% los cajones de estacionamiento que se había calculado por reglamento. El edificio era un gran corporativo internacional de 50 pisos y solo había dejado 200 cajones de estacionamientos argumentando que solo serían para urgencias, casos críticos, visitas exclusivas, dueños del edificio y servicios de la ciudad.

Con esto se deja claro que casi toda la comunidad Europea va hacia un camino donde no están destinando tantos recursos económicos a la hora de pensar en los estacionamientos de los edificios. Esto se traduce a que la gente que labora en esos edificios, como en el caso de Londres que mencionamos, llega a su trabajo en transporte público, bicicleta, caminando o en taxi.

Esto es un resultado en conjunto que involucra a muchas partes, desde el propio gobierno, organizaciones civiles, dueños de edificios y empresas. Por supuesto nos llevan mucha delantera en temas de fiscalización, de reducción de impuestos, donaciones en especie, vinculaciones sociales, retribuciones de energías sustentables, y un sin fin de mecanismos legales que en lugar de entorpecer, ayudan a que la comunidad tenga confianza y educación.

En México vamos en caminos contrarios, y los números así lo demuestran, ya que por ejemplo: la Torre BBVA Bancomer de recién construcción en la Avenida Reforma en la Ciudad de México, tiene una población de 4500 empleados, 6 niveles de estacionamientos a nivel de calle que se traducen en 2792 cajones de estacionamientos.

Esto nos deja varias reflexiones: casi la mitad de los empleados llevan su automóvil, el tráfico generado por lo menos por estas 2700 personas en las horas pico, y si estas personas no llevaran automóvil y utilizaran camiones de transporte público, se necesitarían 54 de ellos, los cuales contribuirían en un pequeño grano de arena a menos hacinamiento vehicular. Y ya ni qué decir en reducción de contaminación.

Obviamente estos escenarios resultan complicados de arreglar por lo menos en estos tiempos, porque la ciudad no está preparada ni con el dinero, ni con las ganas, ni con leyes y mucho menos con espacio. Un espacio que se tendría que negociar legalmente y dar incentivos a los dueños de predios y edificios que estuvieran en las zonas de cambio. Nos queda un futuro todavía muy complejo por resolver en las grandes ciudades de México.

Artículo por: Alejandra Sánchez Gálvez




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