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La arquitectura emocional de Luis Barragán, único Pritzker de México, mezcla de lo moderno y tradicional, arquitectura del silencio, la serenidad, el misterio, el asombro y la intimidad; su arquitectura es poner en escena Goeritz, Max Cetto, por mencionar algunos, tiene un pensamiento divergente bajo el diseño tradicional, logrando una arquitectura mexicana única.

Muestra de ello es su laboratorio – casa – estudio en la colonia Tacubaya, construido en 1942, y que representa su etapa de madurez con cambios muy finos que realiza durante 49 años, haciendo tres jardines para luego hacer la Casa Ortega y su laboratorio de arquitectura.  

Su fachada plana con ventanas que regulan la luz a través de mamparas de madera, provocan el misterio y la exaltación del color en el arte, más la famosa escalera escénica donde bajaba a recibir a sus críticos y amigos; por otro lado, su laboratorio es un reflejo de su personalidad, un artista que vive entre amores en la fugacidad de la liviandad y la complejidad profunda de su ser espiritual.

En 1970, Barragán construye la casa Gilardi en un terreno de 10 x 36 metros desarrollando el concepto en torno a una jacaranda que es cobijada por el patio mexicano y con la idea de su cliente de colocar la alberca al fondo en el comedor, con un largo pasillo ritual de gran luminosidad amarilla.

La obra de  Barragán se traduce en su experiencia que liga la arquitectura moderna como pretexto para conformar el nacimiento de la arquitectura contemporánea mexicana, que a partir de él va a conocerse mundialmente. 

 

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