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Las redes sociales son un mundo desconocido aún. No existe un precedente que nos indique o nos determine hasta dónde podemos llegar con ellas, estamos en pañales. Cada cosa nueva que se hace es un descubrimiento que se convierte en un nuevo parámetro. Esta incertidumbre de revelar hasta dónde podemos llegar como colectivo con un instrumento nuevo de organización  -las redes sociales vienen siendo eso- me intriga, me asusta y a la vez me apasiona. Es por esto que en el tiempo que llevo ejerciendo como creador de contenido en estas plataformas me he dado la tarea de involucrarme e incluso crear proyectos que trasciendan la pantalla y se canalicen hacia cosas positivas, como una especie de experimentos sociales con los que podamos descubrir hasta dónde podemos llegar y cuántas vidas podemos impactar.

Uno de estos proyectos fue el exitoso #GritaTigres en la que, junto a mis amigos y colegas Roberto Martínez y Rorro, tuve la dicha de participar; se demostró que las redes sociales pueden servir como un medio para proponer iniciativas y proyectos sociales que organicen a un colectivo de personas apoyando causas sociales de nuestra comunidad. Lo más importante fue que en Monterrey se demostró que las personas son lo suficientemente empáticas para cambiar un hábito que no aporta nada, por una acción de ayuda hacia otros. Somos más los buenos y aquí es donde hago una transición a otra realización que he tenido estando en este medio: hace falta empatía en el mundo.

¿Por qué millones de personas comparten y ven contenido que habla sobre estereotipos de belleza física, depresiones, decepciones, etcétera? Porque muchísima gente pasamos por esto. Necesitamos no sólo imaginar las situaciones de los demás sino tomarlas como propias. Necesitamos personas que cambien el “lo siento” por “te siento”. No sabemos qué es lo que está pasando en la vida de nuestras familias, nuestros hermanos, hermanas y amigos, hasta que no nos lo dicen, así que hablemos, escuchemos y actuemos como si fuéramos a tener un impacto en sus vidas, porque sí lo tendremos. Una simple escucha, una simple palabra, una simple presencia puede ser suficiente para cambiarle el día, o incluso la vida, a otra persona. Necesitamos estar conscientes de que el valor de otra persona radica en su esfuerzo, su talento, lo que dice y lo que hace. Necesitamos, finalmente, caer en cuenta de que todos somos, ante todo, personas.

Somos más los buenos, no me cansaré de decirlo, pero somos menos ruidosos. Necesitamos hacernos escuchar más; utilicemos las redes sociales para que juntos podamos cambiar al mundo.

POR FARID DIECK




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