¡HÁGASE JUSTICIA! PERO CON LOS BUEYES DE MI COMPADRE
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¡HÁGASE JUSTICIA! PERO CON LOS BUEYES DE MI COMPADRE

Por Luis Esquivel
     Se dice comúnmente que en la política mexicana una de las prácticas más recurrentes si no es que la más recurrente es la corrupción. Sin embargo, como consecuencia, existe una...

     Se dice comúnmente que en la política mexicana una de las prácticas más recurrentes si no es que la más recurrente es la corrupción. Sin embargo, como consecuencia, existe una práctica que es aún más generalizada: el deslinde. 

     Es claro que la corrupción no es un mal endémico de México, pero en cualquier democracia sana (omítanse la mayoría de los países en Latinoamérica) cuando un escándalo de corrupción explota, los primeros en denunciar e investigar es el propio partido del que el corrupto emana.

     No en México; en México el manual de la política indica que lo primero que hay que hacer es callar, luego si la presión crece, decir públicamente que ese, el corrupto, “ya ni peso tiene en el partido”; además de un clásico: “es más corrupto el de enfrente”.

     Lo hacen en todos los partidos. Esa fue la primera defensa del PAN sobre Guillermo Padrés: ya lo habíamos expulsado, pero en el PRI tienen a Duarte. Y la respuesta del PRI: ya enfrenta un proceso de expulsión, pero en Morena todos reciben dinero ilegal. Y en Morena, en Morena son impolutos, AMLO no se rodea de corruptos sino de ingenuos que caen en las trampas que los corruptos de la mafia del poder les ponen, además de que esos ingenuos nunca fueron cercanos a él diga lo que diga la evidencia.

      Así pues es la cultura anticorrupción en México la de ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio; la de hágase justicia, pero en los bueyes de mi compadre. Y así, deslindándose en lugar de sancionar, será difícil que los partidos recuperen la confianza del pueblo, sobre todo en el tema que será el medular en las campañas presidenciales de 2018.

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